Fumigación e insurgencia

fumigación

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Antes que una estrategia antinarcóticos, las fumigaciones fungen en Colombia como una estrategia contrainsurgente. No se fumiga tanto la coca por el hecho de ser la materia prima de la cocaína sino por el hecho de que las guerillas están detrás de los cultivos.

El Gobierno colombiano utiliza las fumigaciones como un arma para acabar con las FARC sin tener en cuenta que el uso de esta arma genera una catástrofe ambiental, además de crisis sociales, económicas y humanitarias en las regiones en donde se aplica. ¿Está permitido aplicar la fumigación como arma de guerra? ¿No violan las fumigaciones para la guerra los principios básicos del Derecho Internacional Humanitario por su impacto sobre el ambiente y sobre los humanos?

Además, en Colombia existen sobradas evidencias de que mientras las fumigaciones no están acabando con las FARC, están acabando en cambio con las comunidades rurales y los ecosistemas en donde éstas habitan.

Nos hemos acostumbrado de tal modo a las fumigaciones en Colombia que ya casi pasan desapercibidas. Es decir, desapercibidas para los que no las padecemos en carne propia. Los medios de comunicación, las instituciones académicas  y muchas otras instancias que durante años se han opuesto sonoramente a las fumigaciones, con el tiempo se han ido acallando. Cualquiera diría que ya no se fumiga glifosato en Colombia. O que ya casi no se fumiga. Cuando la realidad es que no se ha dejado de fumigar en casi treinta años.

Reproduzco aquí un párrafo sobre la acción de las fumigaciones extraído de la “Declaración de Buenaventura” publicada por el Colectivo de Trabajo Jenzera el pasado mes de abril:

“Las fumigaciones que afectan por igual cultivos de coca y cultivos de ‘pancoger’ no logran controlar la producción de pasta de coca, pero sí contaminan suelos y aguas, y liquidan la base genética de los cultivos y la biodiversidad. Peor aún, violan los derechos al alimento, a la salud y al medio ambiente sano. Conocemos los males que traen estos cultivos de coca. No solo perjudican al ambiente, sino que se implantan con violencia, para inducir a la población nativa a sembrar coca. Los asesinatos y los desplazamientos que se producen por la producción, síntesis y tráfico de ilícitos son un desastre para nuestras comunidades y nuestros procesos organizativos. […] Pero el control de los cultivos de uso ilícito por medio de las fumigaciones, las sindicaciones de los pobladores de ser auxiliadores de tal o cual grupo armado que se beneficia del cultivo de coca, las amenazas, las intimidaciones a la comunidad, […] causan igualmente daños graves a nuestras comunidades. En la mayoría de los casos resulta siendo más caro el remedio que la enfermedad”.

Este documento es una denuncia de los pueblos indígenas y afrocolombianos del Pacífico que se declaran en emergencia por el ecocido que se viene cometiendo en sus territorios por la manera irresponsable como se practican las diversas actividades económicas, dentro de las cuales la producción de coca y su posterior fumigación son sólo una más.

El Pacífico caucano ha sido una de las zonas más golpeadas del país por las fumigaciones en los últimos años. Como se sabe, las aspersiones suelen ser indiscriminadas, afectan los cultivos de alimentación e inducen al desplazamiento de población. La Consejería para los Derechos Humanos y el Desplazamiento CODHES ha reportado con frecuencia, entre muchos otros, el caso del municipio de Guapi (en el departamento del Cauca) en donde las fumigaciones han generado un problema de desabastecimiento y hambre que ha conllevado a desplazamientos masivos porque el municipio no está en capacidad de atender las necesidades de la gente.

Con la larga experiencia que tienen las autoridades colombianas con las secuelas de las fumigaciones, como el desplazamiento, es incomprensible que las fumigaciones no vayan acompañadas al menos de programas de ayuda de parte de las autoridades departamentales y nacionales para aliviar los impactos. La población queda completamente abandonada a su suerte. Año tras año las comunidades negras del Pacífico caucano vienen protestando y denunciando los daños que les causan las fumigaciones sin ningún resultado. Véase como ejemplo estos comunicados de denuncia: en 2010; en 2009; en 2008; y esta crónica de la ambientalista Tatiana Roa durante un viaje por la región en 2007. ¿Cuánto más podrá soportar la gente y podrá soportar la naturaleza una agresión de estas proporciones?

El Gobierno tiene todo su derecho a combatir a las FARC, pero no con cualquier arma. Las fumigaciones son un crimen que se viene cometiendo impunemente en el país desde hace décadas.
Amira Armenta

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Coca, fumigaciones y daño ambiental

Foto de Jeremy Bigwood

Foto de Jeremy Bigwood

Desde hace algún tiempo se viene hablando en Colombia de la posibilidad de crear el delito de daño ambiental por cultivos ilícitos. Hacer del daño ambiental un delito es sin duda una idea saludable, pero no debería reducirse exclusivamente a los ‘cultivos ilícitos’ sino aplicarse a toda actividad agrícola masiva, así como a cualquier actividad económica que tenga una clara y directa repercusión negativa sobre la naturaleza.

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¿Razones sanitarias?

Foto revista Cambio

Foto revista Cambio

Durante años los colombianos compraron las cajitas de té Coca Nasa en tiendas y supermercados de las grandes ciudades del país. Recuerdo además que el té de coca estaba en la sección de los productos naturistas, o sea, los más sanos y buenos para la la salud. Ni las tiendas que vendían los productos de coca ni la gente que los compraba tenían la impresión de estar cometiendo un delito. Además, que se sepa, nunca nadie se enfermó por consumirlos.

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“La hoja sagrada”

hoja de coca

hoja de coca

El periódico “El País” de Cali y un grupo de video periodistas encabezados por Mauricio González han lanzado un reportaje multimedia interactivo especializado en los temas de la coca. La página se titula: Reportaje 360 – La hoja sagrada.

El reportaje ofrece una información compacta e interactiva en los diferentes ámbitos asociados a la hoja de coca. A muchos les sorprenderá enterarse de datos tan interesantes como que hay evidencias arqueológicas que delatan el uso de la coca en lo que hoy es Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela en fechas tan antiguas como unos dos mil años antes de Cristo.

Como se desprende de la visita de este excelente reportaje, la coca es muchísimo más que  la materia prima de la cocaína. Más allá de su demonización y de la desinformación sobre sus calidades, hay otras facetas aún desconocidas de la coca que este material ayuda a esclarecer.

¿Desaparecerá la masticación de la coca de las convenciones?

Imagen FM Bolivia

Imagen FM Bolivia

El TNI acoge con agrado la propuesta de enmienda presentada por Bolivia por medio de la cual desea eliminar los párrafos 1(c) y d(e) del artículo 49 de la Convención Única de 1961 en que se establece expresamente que “la masticación de hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención”. Nos complace igualmente que el ECOSOC (Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas)  haya decidido aceptar la propuesta de enmienda. También nos parece positivo el hecho de que, durante la reunión oficial celebrada en Ginebra, nadie expresara objeciones ante la propuesta de Bolivia, con lo que se dejará a los países el tiempo para reflexionar sobre la cuestión. Sólo los Estados Unidos y Suecia alzaron la mano, pero fue para pedir a la Secretaría que aclarara los pasos que se seguirían con el resto del proceso. Se trata de algo totalmente comprensible, ya que algunos aspectos sobre las implicaciones legales de la propuesta boliviana y sobre el procedimiento para enmendar el tratado de 1961 exigen más explicaciones.

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Los mitos de la coca

mitos-cocaUna de las últimas publicaciones del programa Drogas y Democracia del TNI es este informe titulado Los mitos de la coca con el que nos hemos propuesto contribuir a desmitificar un número de cualidades positivas y negativas que se le vienen atribuyendo a esta planta desde hace tiempo.

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¡Sí se puede! Cuando el ‘desarrollo alternativo’ sí funciona

Aunque la coca es sinónimo de vida para muchas comunidades indígenas de los Andes, hay también muchos lugares en esa misma región en los que la presencia de la coca es sinónimo de muerte. Es el caso del departamento de Nariño al suroccidente de Colombia. En una entrevista publicada por la agencia de noticias ACIN, un campesino indígena nariñese se refiere muy acertadamente a la coca como ‘la mata por la que nos matan”. Como lo ha señalado el gobernador de ese departamento, Antonio Navarro Wolf, “la coca está acabando con Nariño” pues el accionar de los grupos armados, FARC, ELN, los ‘Rastrojos’, las ‘Águilas negras’ en su lucha por el control del negocio del narcotráfico ha involucrado a la población civil y generado en el departamento una crisis humanitaria. La masacre, cometida por las FARC, el pasado mes de febrero de al menos 27 indígenas de la comunidad Awa es sólo parte de esta crisis.

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