Lo que diga Estados Unidos

En cuestiones de drogas, la suerte de Colombia depende de lo que digan los Estados Unidos

Imagen tomada del sitio The Latin Americanist

Imagen tomada del sitio The Latin Americanist

Jorge Castañeda, el intelectual y político mexicano, publicó recientemente un artículo en The New Republic titulado, Adiós Monroe Doctrine. Con una serie de ejemplos, como la actitud de Estados Unidos frente al golpe a Manuel Zelaya en Honduras, el autor fundamenta la idea central de su artículo según la cual a EEUU ya parece no importarle mucho Latinoamérica. Y nos recuerda que la última intervención militar unilateral de EEUU en América Latina fue la invasión a Panamá en 1989.

Castañeda trae muchos más ejemplos para probar la nueva ‘indiferencia’ estadounidense hacia su tradicional patio de atrás, que habría dejado de ser tal con el fin de la guerra fría, precisamente en 1989. La despedida de la Doctrina Monroe.

Sin el ánimo de debatir este punto de vista sin duda bastante polémico y que daría para muchas páginas de discusión, quiero resaltar solamente un punto concreto de la relación EEUU-Latinoamérica con el que sí estoy enteramente de acuerdo con Castañeda: que la suerte de América Latina, que nos guste o no, está ligada a la de Estados Unidos. Y si hay un área en el que esto es particularmente cierto, es en el de las sustancias controladas o drogas ilícitas, como se las conoce más comúnmente. A este respecto Castañeda señala muy acertadamente los pasos hacia la descriminalización que han dado California, Nevada y Oregon, y dice que los cambios en las políticas de drogas que se han producido en esos estados de los EEUU podrían ser más importantes en el hemisferio que 40 años de ‘guerra a las drogas’ o que la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia.

Para un país como Colombia, por ejemplo, poco inclinado a dejarse influir por lo que pasa en estas materias en otros países latinoamericanos –como ha sido el caso recientemente con la repenalización de la dosis mínima, en contravía de la despenalización propuesta por países como Argentina o México – lo que suceda en Estados Unidos, por el contrario, está destinado a ser seguido como ejemplo en Colombia. Y en el resto del continente.

Si el país consumidor por excelencia, EEUU, avanza hacia la descriminalización, los países productores también lo harán. Porque es Estados Unidos finalmente quien decide lo que hay que hacer o no hacer en políticas de drogas. Ellos se inventaron la guerra a las drogas y tarde o temprano terminarán inventándose también la manera de acabarla.

Por el momento el país del norte ha dado ya algunas señales a las que vale la pena seguirles el rastro a lo largo de este año que comienza. Además de las tendencias liberales de algunos estados mencionadas antes, me refiero particularmente a la llamada ‘iniciativa Engel’, una propuesta legislativa del congresista estadounidense Elliot Engel para crear una comisión independiente de notables que evalúe la guerra a las drogas: la Western Hemisphere Drug Policy Commission. En estos días deberá conocerse quiénes compondrán esta Comisión.

El mero hecho de que se cree una comisión con este fin representa ya una señal importante de que la administración de Obama está tomándose en serio el tema de que ya es hora de examinar fríamente los resultados de la actual política antidrogas. Todo lo cual no es, por supuesto, garantía de que vaya a salir de allí algo efectivo, pero al menos es una indicación de que en estos momentos se ha creado una posibilidad de cambio.

Si bien es verdad que en muchos países de Europa y de América Latina están aumentando las voces que piden una revisión del enfoque de las drogas, y están aumentando las prácticas que perciben el consumo problemático de drogas como un problema de salud, también es cierto que mientras no sea EEUU el que tome abiertamente partido por la revisión de fondo, un país productor como Colombia no se atreverá a deshacerse de su discurso prohibicionista.

Llevadas las cosas al extremo, si EEUU decidiera hoy comenzar a implementar una legalización de todos los estupefacientes y sustancias psicotrópicas prohibidas, al día siguiente tendríamos a Colombia, y a una buena parte de los países del mundo, decretando también la legalización de las drogas.

Amira Armenta

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