Narcotráfico: errando el tiro

droga decomisada

droga decomisada

En entrevista reciente de la revista Cambio con el director de la Policía de Colombia, Oscar Naranjo, le preguntan sobre el control de las FARC sobre rutas internacionales de la cocaína, a lo cual el general responde, Las Farc no tienen esa capacidad. Hoy han vuelto a la modalidad del impuesto al gramaje, a los precursores químicos y a los kilos de hoja de coca al campesino. Volvieron a la que fue una modalidad muy común en los noventa”.

Si esto es así, y las autoridades lo saben y lo dicen públicamente, entonces cómo se justifica que las FARC sigan siendo catalogadas por Colombia y Estados Unidos como el mayor actor del narcotráfico en la región, lo que amerita la gigantesca inversión antinarcóticos dirigidas particularmente contra este grupo. Pues son éstas las argumentaciones para haber continuado con la nueva fase del Plan Colombia ampliando el acceso militar estadounidense en Colombia.

Muchas de las críticas a la estrategia antinarcóticos que viene aplicando EEUU desde hace años en Colombia tienen que ver con el énfasis que se pone en la erradicación de los cutivos y con el hecho de que el ataque se dirija al sector más débil de la cadena de las drogas que es el cultivador. La presencia de la insurgencia en las zonas de cultivos justifica para las autoridades la estrategia porque representa al mismo tiempo un golpe directo a las guerrillas.

Esto es cierto. Pero también es cierto que un golpe a la guerrilla no representa necesariamente un golpe al narcotráfico. Y si de lo que se trata es de aplicar políticas eficacez para contener el narcotráfico, entonces se está claramente errando el tiro. Si le creemos al general Naranjo cuando dice que las Farc no tienen capacidad para controlar rutas internacionales, entonces por qué se insiste en atribuirles a las FARC un mayor protagonismo en el negocio a sabiendas de que no es cierto. Y a sabiendas, dados los resultados hasta ahora de la lucha contra el narco, que la estrategia de combinar lo antinarcótico y lo contrainsurgente no funciona y que además ha sido contraproductivo.

El Gobierno colombiano –con el apoyo de EEUU- tiene el doble interés de eliminar a las FARC y eliminar el narcotráfico. Pero no es exagerando el papel de la guerrilla con las drogas que va a conseguir cualquiera de las dos cosas.

Lo más grave de todo esto es que las verdaderas bandas narcotraficantes encargadas de mover la cocaína, sacarla del país y ubicarla en los diferentes sitios internacionales de las rutas hacia su destino final en Estados Unidos y Europa están sacando partido del hecho de que las Farc se hayan vuelto el principal objetivo antinarcótico. El interés contrainsurgente del Gobierno está distorsionando los otros objetivos y de paso ayudando indirectamente a las mafias que sí controlan rutas internacionales.

La paja en el ojo ajeno

El ministro de Defensa colombiano, Gabriel Silva, hizo la semana pasada un comentario público sobre el incremento del volumen de droga que estaría transitando por Venezuela. Conociendo la manera como reaccionan los funcionarios venezolanos y el mismo presidente Chávez ante este tipo de comentarios lanzados de manera irresponsable por miembros del Gobierno colombiano, no hay duda de que se trató de una provocación.  Una provocación en la que cayeron los venezolanos que no tardaron en devolver la pelota con el mismo tono anti diplomático que se ha impuesto últimamente entre los dos países.

Si efectivamente ha aumentado el número de vuelos sospechosos que sobrevuelan territorio venezolano, como lo señala un artículo en la prensa colombiana, ¿no es absurdo que un ministro colombiano –del principal país productor de cocaína-  le atribuya toda la responsabilidad a Venezuela que sólo es un país de tránsito? Razón no le falta a la contraparte venezolana, Tarek El Aissami, cuando dice que el ministro Silva es un ‘caradura’. Si Colombia no ha sido capaz de contener la producción de cocaína y su movimiento dentro del territorio nacional a pesar de las masivas inversiones que se hacen con este propósito, con qué cara se pueden poner en cuestión los esfuerzos antinarcóticos de un país vecino que es ante todo víctima del problema colombiano. Hay que ser en efecto caradura para exigirles a los otros lo que no se ha podido lograr en el propio terreno. A sabiendas además, como lo hemos señalado arriba, de que la artillería antinarcóticos no se está dirigiendo hacia donde debe dirigirse, hacia las mafias de los verdaderos narcos. Al ministro Silva se le podría aplicar el viejo proverbio bíblico de estar viendo mejor la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

En vez de estar provocando a países vecinos con los cuales las relaciones son ya bastante precarias, mejor haría Colombia en poner en orden su propia casa: comenzar a arreglar los grandes problemas que vive el campo colombiano. La mejor solución contrainsurgente y contra la producción ilícita de coca pasa por una reforma estructural del agro colombiano. Pero mientras esto no se haga, mientras persistan esquemas profundizadores de la inequidad social y económica, como el tristemente famoso Agro Ingreso Seguro, entonces que al menos el Gobierno colombiano tenga la prudencia de no andar mostrando las pajas en los ojos de los vecinos.

Amira Armenta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: