Narcocultura y guerra a las drogas

En el número correspondientes a la primavera de 2009 de la Berkeley Review of Latin America Studies viene un interesante artículo de la intelectual mexicana Alma Guillermoprieto titulado El narcovirus. No he resistido la tentación de reproducir este contundente mapa del narcotráfico en México que acompaña el artículo:

Carteles y rutas

Carteles y rutas

Ante esta imagen sobran los comentarios.

México está atravesando por un capítulo particularmente sangriento de la guerra a las drogas. Los decapitamientos, descuartizamientos, masacres, secuestros que viene reportando la prensa desde finales de 2008 no son sólo la respuesta de los narcos a la ofensiva del presidente Felipe Calderón contra ellos. La guerra, como lo señala Guillermoprieto, es también el resultado de la disputa entre los grandes carteles para repartirse el territorio. En esta lucha de múltiples frentes, han caído narcos pero también altos funcionarios del gobierno, y ha dejado una vez más en claro los contactos de miembros del ejército y de las fuerzas de seguridad con el narco-poder.

En México – luego de 40 años de guerra a las drogas –  muchas cosas se definen en términos narco. La gente usa narcojeans, narcotennis, tiene narcocarros, practica narcocultos, etc. Esto último es muy interesante porque revela hasta qué punto ha llegado a profundizar una cultura narca en un país como México – y como Colombia, en donde se producen fenómenos similares – generando una propia imaginería religiosa, con un santo propio, Jesús Malverde llamado el santo de los narcos. Toda una cultura constituda por objetos y dimensiones con los cuales se identifica la gente que está involucrada de uno u otro modo en el mundo del narcotráfico. Una cultura que los hace reconocerse como parte de una comunidad.

Es también en medio del folclor y del colorido de esta cultura narco que se producen las escenas sangrientas que describe a diario la prensa mexicana. La cotidianeidad de esas escenas es igualmente parte de esa cultura. La violencia se ha vuelto lo normal. Y aquí viene el punto más interesante del artículo de Guillermoprieto cuando señala el surgimiento de esta narcocultura (con sus perversas redes ilegales y su habitual violencia) como el resultado de la guerra a las drogas iniciada por los Estados Unidos a comienzos de los años setenta.

La guerra a las drogas no sólo ha sido inútil, ha consumido cifras astronómicas de dólares, ha recluido en las cárceles a millones de personas, ha hecho más extenso y complejo el mapa del narcotráfico en el mundo, etc, etc, sino que ha propiciado el deterioramiento social de países como México en donde hoy la violencia es endémica. El daño que ha generado en la sociedad el hecho de combatir el uso de las drogas por medio de una guerra no podrá ser reparado fácilmente. Por lo pronto, habría que comenzar por acabar con esa guerra absurda.

Amira Armenta

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