La muerte anunciada del Plan Colombia

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El Plan Colombia, esa multimillonaria estrategia antinarcóticos y contrainsurgente que tanto ha dado de qué hablar desde sus inicios a finales de 2000, probablemente termine extinguiéndose en los próximos dos años con muchas penas –la sufrida por las regiones en donde se aplicó- y poca gloria. No me voy a referir a los resultados del Plan Colombia. Ni a los negativos, según los más serios análisis que se publicaron en todos estos años, ni a los positivos, según las reiteradas insistencias de las autoridades antinarcóticos de Colombia y EEUU. El tema de esta entrada es su ‘muerte anunciada’ como la califica una nota de prensa en el periódico El Tiempo.

De la extensísima bibliografía que se puede consultar en Internet sobre el Plan Colombia llama la atención el hecho de que un enorme porcentaje de ésta corresponde a artículos, estudios y toda clase de documentos críticos al Plan que demandan la abolición, suspensión, interrupción, etc del Plan Colombia. La desproporción entre la documentación en pro y la documentación en contra no es de extrañar si se sabe que sólo los gobiernos de dos países han apoyado esta estrategia, mientras el resto del mundo, de una u otra manera, la ha descalificado. En su momento, un poderoso conglomerado como es la Unión Europea prefirió tomar abiertamente distancia del Plan Colombia, lo que también es una forma de descalificación.

Ni las numerosas denuncias de campesinos con afecciones dermatológicas después de una fumigación con glifosato, o las imágenes de campos de coca y cultivos vecinos de pancoger arrasados después del paso de las avionetas fumigadoras, ni las contundentes cifras reveladoras de que no se cumplieron los objetivos antidrogas del Plan Colombia lograron lo que probablemente sucederá en un plazo relativamente corto: la paulatina reducción y extinción de este controvertido programa.

Cuando el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, dijo hace un par de semanas en una entrevista que, ‘hay que acabar con el Plan Colombia’ expresó en realidad lo que muchos sectores gubernamentales (tanto en EEUU como en Colombia) piensan desde hace tiempo, pero que no se atrevían a decir. No viene al caso comentar las razones que ha podido tener el vicepresidente para hacer ahora tales declaraciones y provocar de golpe toda clase de reacciones airadas desde sectores del mismo Gobierno del que él hace parte: el presidente Uribe y el ministro de Defensa. Lo importante es que ahora sí es posible decirlo y las palabras del vicepresidente fueron la prueba. Esto es posible, dadas las evidencias de que el Plan retrocede y ante esa perspectiva por qué no comenzar a cantar las verdades.

En realidad el Plan Colombia tenía que haber llegado a su fin natural en 2006. Después de esa época estaba sobreviviendo, entre otras cosas gracias a las excelentes relaciones intergubernamentales Bush-Uribe. Pero tarde o temprano el Plan debía llegar a su fin independientemente del color político del gobierno estadounidense. Es lo que comienza a verse más claramente ahora: un Plan Colombia que ha entrado (con unos años de retraso) en su natural fase de extinción. Por su puesto que el Gobierno de Uribe no se resigna a no seguir contando, no solamente con los recursos sino con el apoyo político estratégico regional que ha representado también el Plan Colombia. Por eso la insistencia del ministro de Defensa, Rafael Santos cada vez que va a Washington a hacer lobby por los fondos del Plan Colombia. Ello a pesar de que el ministro Santos debe saber mejor que nadie que no es gracias a las balas del Plan Colombia que se ha logrado reducir y arrinconar a las FARC. Como se puede apreciar en las cifras publicadas por el Center for International Policy, desde hace años los fondos para la guerra en Colombia no los están poniendo los Estados Unidos sino los contribuyentes colombianos.

Por supuesto esto no quiere decir que EEUU desaparezca del panorama colombiano ni mucho menos. Nuevos esquemas antinarcóticos y contrainsurgentes irán tomando forma, como se vislumbra ya con la perspectiva de que algunos puntos en el Pacífico colombiano reemplacen las actividades de la base de Manta.

El Plan se acaba no porque haya logrado sus objetivos, como sin duda seguirán afirmando los gobiernos de los dos países involucrados, no porque hayan prestado oídos a las quejas de las víctimas del glifosato, ni a los análisis de los centros de pensamiento que han venido siguiendo desde el comienzo los desarrollos de la guerra a las drogas en su capítulo colombiano. Se acaba por puro y simple vencimiento de su ciclo de vida. Hay pacientes que duran años muriéndose. Es probable que la agonía de este (fumigador) plan sea breve.

Amira Armenta

Una respuesta

  1. […] aceptó, en su día, liderar un frente contra las FARC por tierra y aire sin precedentes. El Plan Colombia, que tantas fotos suscitó al lado del presidente Bush y de miembros de la Administración […]

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