Colombia alineado con los intolerantes en Viena

Sede de la ONU en Viena

Sede de la ONU en Viena

Colombia hace parte del pequeño grupo de países que prefiere que se siga imponiendo una política de mano dura para los estupefacientes.

Por estos días se discute en la sede de Viena de Naciones Unidas lo que será la política para las drogas en los próximos diez años. Mientras la mayoría de los países del mundo –la excepción son EEUU, Colombia, Japón y Rusia- se ha pronunciado claramente a favor de la reducción del daño, y de la atención médica y apoyo a los consumidores, el gobierno de Uribe ha optado por seguir alineado a los restos que aún siguen activos de la vieja administración de Bush. Lamentablemente, como lo hicimos notar en una entrada anterior en este blog, la actual Casa Blanca no ha cambiado su delegación en Viena, mientras tanto ésta sigue defendiendo el mensaje de intolerancia absoluta del anterior gobierno estadounidense.

El New York Times, en un editorial del pasado 31 de enero, resaltó los resultados que ha arrojado la aplicación de programas de reducción del daño especialmente entre consumidores que tienen un alto riesgo de contraer enfermedades que se transmiten por vía sanguínea, como el Sida y la hepatitis. Hizo notar también que el presidente Obama es favorable a estos programas, no obstante lo cual sus puntos de vista todavía no se han hecho sentir en la misión estadounidense en Viena, y por tanto sigue imperando la vieja visión. Y al final, el NYT hace un llamado para que Washington cambie lo antes posible las órdenes en materia de reducción del daño, porque de no hacerse a tiempo, la declaración de Naciones Unidas va a estar en oposición con las políticas de la nueva administración estadounidense.

Por el lado de Colombia, también algunos importantes medios de prensa del país han subrayado la importancia de que se aproveche este momento para revertir políticas relacionadas con el consumo que han contribuido a agravar problemas de salud pública. En una columna de opinión reciente en El Tiempo, el analista de drogas Francisco Thoumi señala que ésta puede ser la última oportunidad en mucho tiempo para mejorar políticas contra las drogas. Mientras tanto el Presidente Uribe insiste en promover de nuevo la penalización del consumo personal.

¿Qué interés puede tener Colombia en oponerse a medidas higiénicas como el recambio de jeringuillas para adictos que se inyectan, y otros programas similares que se practican en países en donde el consumo por vía intravenosa es considerable? Poniéndose del lado de los que se oponen a los programas de reducción del daño, Colombia de manera irresponsable bloquea a los países que sí quieren adoptar dichas medidas. Debido al sistema de consenso como operan organismos de la ONU como la Comisión de Estupefacientes, si todos los países miembro no votan a favor, la medida no pasa. La ausencia de consenso en reducción del daño hará que los países que sí creen en estas medidas y las quieren implementar se vean obligados a practicarlas en la semi ilegalidad, o simplemente no las puedan poner en prática. De aprobarse los programas de reducción del daño, ningún país está obligado a realizarlos si no quiere hacerlo o si los considera inapropiados.

¿Qué interés puede tener Colombia en seguir alineándose del lado de la vieja administración estadounidense en su oposición a la reducción del daño? ¿Por qué se distancia Colombia del resto de Latinoamérica, de la Unión Europea y de la mayoría de los países asiáticos? Estos últimos en particular sufren graves problemas de salud pública por el consumo inyectado de estupefacientes y por tanto les interesa que se reconozcan medidas como la del recambio de jeringuillas. Las decisiones de Viena en este sentido van a tener repercusiones serias en la vida de millones de personas.

El enfoque absolutista del prohibicionismo, aunque representa un pequeña minoría de países en Viena, podría seguir imponiéndose en los próximos diez años por encima del deseo de la mayoría de los países que han reconocido las ventajas prácticas que hay en considerar al usuario de drogas no como delincuente sino como paciente. Este enfoque, además, está en total acuerdo con lo que predica la Organización Mundial de la Salud, y lo que recomiendan otras agencias de la ONU que ven la reducción de daños como un elemento consustancial de los derechos humanos.

A pesar de las múltiples prioridades que debe tener la nueva Casa Blanca, no entendemos la negligencia en un tema tan sensible-. Al mismo tiempo, ¿por qué tiene Colombia -país golpeado por el problema de las drogas y fuertemente necesitado de cambios- que hacer parte de ese grupito?

Amira Armenta

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