Cuál es la eficacia de la erradicación de los cultivos de coca

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Como siempre que se habla de cifras relacionadas con la coca, la noticia ha salido en los grandes medios de prensa: en 2008 se ha alcanzado un nuevo récord en erradicación de cultivos ilícitos en el marco de la guerra a las drogas. Según la policía antinarcóticos colombiana, este año se erradicaron en el país 224.478 hectáreas. De éstas, 95.323 hectáreas fueron destruidas manualmente, y el resto (129.155) fue fumigado con Roundup, el tóxico que contiene el herbicida glifosato y que se viene asperjando desde hace años sobre estos cultivos.

Dado que las autoridades antinarcóticos se habían fijado al principio de este año el objetivo de erradicar 230.000 hectáreas, esta masiva erradicación ha sido considerada como un éxito. (Bueno, faltan unas cinco mil y pico de hectáreas para que cuadren las cifras, pero me imagino que no será difícil acabar con éstas en los pocos días que quedan del año). Ante el objetivo cumplido, ¿quién podría cuestionar el éxito de la policía?

Ya nos hemos referido antes en esta página a la naturaleza de estos ‘éxitos’ antinarcóticos, que tienen algo de victoria pírrica en las que se gana perdiendo. Pierde la naturaleza de uno de los países más megadiversos del planeta, pierden los campesinos, cultivadores de coca o no, pierde el Estado colombiano la posibilidad de ganarse a los campesinos, y más paradójico aún, el país pierde en el avance de sus objetivos antinarcóticos.

Esto último no es una especulación, es una afirmación extraída de la observación de los resultados de la estrategia de la erradicación forzada en los últimos años. Una buena indicación de que hay algo insano en todo esto la ofrecen las mismas estadísticas. Cómo se explica que aunque a finales de 2007 hubiera oficialmente en Colombia 99.000 hectáreas sembradas, sin embargo durante 2008 la policía hubiera tenido que fumigar más del doble de esa cantidad. Se explica por la resiembra, claro. Una resiembra que se produce aceleradamente y que genera enormes consecuencias ambientales debido a que habrá comportado expansión y desplazamiento de los cultivos.

Como lo muestra esta tabla, la erradicación por aspersión aérea se ha venido incrementando desde 1999, con excepción de 2007, año en que se fumigó un poco menos que en 2006.

Año

Errad. aérea

Errad. manual

1999

43.112

2000

58.073

2001

94.152

2002

130.364

2003

132.814

2004

136.552

2005

138.772

2006

172.026

43.051

2007

153.135

66.805

2008

224.478

95.323

Una de las razones para que se fumigara menos en 2007 tuvo que ver con una decisión de disminuir la erradicación aérea para aumentar la erradicación manual. (Véase los últimos tres años en la tabla) Recién terminaba la primera fase del Plan Colombia y se redujeron los fondos destinados a fumigaciones. En el siguiente gráfico del último informe de la ONUDD sobre cultivos de coca en los Andes, no aparece 2008, pero sabemos que las curvas de las dos erradicaciones, manual y aérea, son ascendentes.

Fuente ONUDD - Comparación errad. aérea y manual

Fuente ONUDD - Comparación errad. aérea y manual

No resulta muy sensato que el gobierno continúe fumigando y practicando la erradicación manual forzada sabiendo que paralelamente se produce una resiembra.Lo sabe no solamente por la experiencia de los últimos años, lo sabe también porque sus programas de sustitución de cultivos (con poquísimas excepciones) no tienen ni el carácter ni el alcance suficiente para representar una verdadera sustitución, porque con mucha frecuencia el llamado ‘desarrollo alternativo’ no está concebido para prestar un servicio de ayuda en primera instancia a las comunidades necesitadas. Porque sabe que las regiones siguen abandonadas a su suerte, presa fácil de grupos armados y narcotraficantes. En este contexto –y mientras haya demanda para la cocaína- se seguirá repitiendo un esquema de erradicación y resiembra

Los programas de erradicación forzada son así el perfecto ejemplo para entender una acción que es eficiente en sí misma pero no es eficaz para los objetivos finales que se propone. En breve, ésta es la clase de ‘éxitos’ que más valdría no obtener.

Amira Armenta

No basta con ‘compartir la responsabilidad’ por las drogas cuando lo que se necesita es un cambio en la política de drogas

Presentación del vicepresidente Santos en La Haya

Presentación del vicepresidente Santos en La Haya

Ayer, 8 de diciembre, fue la clausura en el ayuntamiento de la ciudad de La Haya (Holanda) de la exposición “Shared Responsibility”. Como lo hemos venido informando en este blog, esta exposición hace parte de una campaña de la vicepresidencia de Colombia para informar a los países consumidores de cocaína sobre los daños ambientales que causan la producción de coca y cocaína en uno de los países más megadiversos del mundo, Colombia.

La clausura contó con la presencia del vicepresidente Francisco Santos quien presentó un Power Point con las imágenes y cifras de los daños ecológicos y el mensaje final a la opinión pública europea: cada vez que ustedes consumen una raya de coca se esfuman varias hectáreas de bosques en Colombia.

Lamentablemente, aparte de un par de periodistas pertenecientes a medios holandeses, el público invitado a este evento, ni era representativo de la población consumidora, o potencialmente consumidora, ni parecía estar muy informado sobre el problema. Lo primero era evidente por el aspecto de la gente, lo segundo por las preguntas que se le hicieron al vicepresidente Santos después de su presentación. Preguntas de cajón. Y aunque está claro que en ese tipo de eventos no se trata de generar un debate, a algunos de los asistentes nos quedó la duda sobre si este tipo de campañas sirven para algo más que para convocar eventos sociales como el cóctel de ayer.

Como lo hemos documentado en un informe reciente reseñado en una entrada anterior, si bien la producción de coca y de cocaína, en las condiciones de ilegalidad en las que se realizan actualmente, contribuye a la destrucción de la naturaleza y a la contaminación ambiental, no se puede esperar que la solución a este problema provenga de los consumidores de los países occidentales por mucho que se les informe sobre la catástrofe ambiental asociada al producto que consumen. La solución, en cambio, y a esto no se refirió en absoluto el vicepresidente, corresponde al propio gobierno colombiano. Un poco de voluntad política para cambiar la orientación de políticas como la de las fumigaciones con herbicidas, harían más por la naturaleza y contra la polución de las fuentes de agua que todas las campañas publicitarias que cuestionan el consumo.

No se trata de condenar la campaña en sí misma. La publicidad para desestimular el consumo de sustancias es muy justa. Pero mientras se mantenga el actual régimen para las drogas, la efectividad de estas campañas es, como reza un proverbio holandés, como trapear el suelo con el grifo del agua abierto. Mientras el gobierno no esté dispuesto a replantearse la actual estrategia para las drogas, mientras no esté dispuesto a asumir un debate amplio, sin condicionamientos y presiones ideológicas o económicas impuestas desde el exterior, un debate tendiente a revisar objetivamente todo lo que ha fallado hasta el momento, se seguirán repitiendo los errores con todas sus consecuencias sociales y ecológicas.

Amira Armenta

¿Es realmente el cultivo ilícito el principal responsable del daño ecosistémico en Colombia?

Foto AP - BBC Mundo.com

Foto AP - BBC Mundo.com

No está en manos de los consumidores europeos de cocaína sino en las del gobierno colombiano reducir el impacto ambiental que causa la producción de la coca.

Una nueva publicación del Transnational Institute (TNI) reconoce los perjuicios que causan al ambiente los cultivos de uso ilícito y la producción de cocaína, pero atribuye la principal responsabilidad de esta catástrofe ambiental a las políticas de drogas – como la erradicación forzada manual y aérea – que se implementan en Colombia.

El gobierno colombiano está promocionando internacionalmente el concepto de ‘responsabilidad compartida’ en asuntos de drogas a través de una exposición itinerante de imágenes que muestran el daño que causa en los ecosistemas la producción ilícita. El objetivo del gobierno es informarle al consumidor extranjero que cada vez que consume una dosis de cocaína está contribuyendo a la deforestación y envenenamiento de los bosques y selvas colombianos. Si bien es lógico que Colombia, como mayor productor de cocaína, quiera compartir con el resto del mundo los problemas asociados con las drogas para buscar entre todos una solución, el mensaje de la campaña Shared Responsibility podría no ser la vía más adecuada.

El Transnational Institute (TNI) acaba de publicar el documento Cultivos de uso ilícito y ecocidio, del ecólogo colombiano Germán A. Quimbayo Ruiz, una reflexión comparativa sobre el impacto en el ambiente de los cultivos ilícitos, la política antinarcóticos y otros sectores económicos. Este documento concluye que aunque es cierto que la producción ilícita de estupefacientes es responsable de una parte del drama ecológico, no es, sin embargo, la principal responsable del ‘ecocidio’ en Colombia. Otros sectores económicos, como la ganadería extensiva o la creciente instalación de monocultivos como el de la palma aceitera han contribuido mucho más que la coca al deterioro de los ecosistemas. El documento del TNI llega también a la conclusión de que, en lo concerniente a la producción ilícita, es básicamente la política de drogas que se viene aplicando en el país desde hace varias décadas, la principal responsable del impacto ambiental causado por la producción de coca y cocaína.

El documento recomienda a las autoridades antinarcóticos colombianas la urgente necesidad de un cambio de orientación en las políticas. Colombia lleva décadas aplicando estrategias en el lado de la oferta con el fin de solucionar el problema de las drogas. Estas estrategias han sido ineficaces y contraproducentes. En lo concerniente al ambiente, han inducido el desplazamiento de los cultivos ilícitos, con las consecuencias ambientales -deforestación y contaminación- que esto genera.

Véase el informe completo Cultivos de uso ilícito y ecocidio.