Entre mafias – Del ‘padrino’ al ‘facebook’

 

Fernandinho Beira Mar - Blog Acerto de Contas

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Las mafias no son hoy día lo que eran. Hemos pasado del modelo ‘padrino’ al modelo ‘facebook’, según explica Juan Carlos Garzón en un libro reciente Mafia & Co. La red criminal en México, Brasil y Colombia, producido con el apoyo de la Fundación Seguridad y Democracia.

En el primer modelo encontramos un jefe máximo a la Vito Corleone a la cabeza de una ‘estructura jerarquizada que toma de manera unívoca las decisiones, las cuales fluyen de arriba hacia abajo, con un marco de normas definido”. El segundo modelo es más sofisticado y funciona como un “conjunto de articulaciones entre distintos componentes criminales”, al estilo de como se relacionan las personas y los grupos en una cyber red social como Facebook. Bajo este esquema las diferentes facciones de delincuentes interactúan continuamente creando asociaciones temporales más o menos prolongadas. Así como el mundo moderno se ha hecho más complejo en su manera de relacionarse, igualmente las mafias han ido evolucionando su caracterización de acuerdo a esta complejidad. Pero también subsisten los casos en los que se combinan los dos modelos. Los famosos ‘dones’ del narcotráfico colombiano (don Berna, don Mario) actuaban y actúan con bandas que no necesariamente estaban/están a su exclusivo servicio.

La guerra sin cuartel que se está viviendo en México en los últimos meses puede leerse como un excelente ejemplo de lo descrito en este libro sobre el alcance que ha tomado el crimen organizado en la sociedad. Según la prensa, unas 3.500 personas habrían muerto en México de manera violenta en lo que va del año. En la ciudad de Tijuana aparecen cadáveres abandonados en las esquinas de las calles. En la última semana de octubre, la policía encontró 36 personas asesinadas con un tiro de gracia, con señas de tortura, sin manos, con la lengua colgando, y otras descripciones dantescas.

La gente tiene la impresión de que el crimen ya no es uno de esos asuntos que se leían en las crónicas rojas de los diarios sino que ahora está cada vez más cerca de casa. Además, los criminales ya no solamente son individuos provenientes de los bajos fondos, tipos con cara de maleantes tal como aparecían retratados en los periódicos con un número colgado del cuello, sino ahora también pueden ser altos oficiales de la fuerza pública, funcionarios del gobierno, hermanos de ministros, gente de aspecto muy decente.

En su libro, Juan Carlos Garzón hace una descripción detallada de las dimensiones del crimen organizado en México, Colombia y Brasil, y da ejemplos del grado de penetración que éste ha alcanzado en las diversas instancias de la sociedad. Los tres países escogidos para este estudio no podían ser más adecuados. Los carteles del narcotráfico, las ‘oficinas de cobro’ y las ahora llamadas ‘bandas emergentes’ en Colombia, los Zetas mexicanos con su fabuloso poder armado, y los famosos comandos de las favelas de las grandes ciudades brasileras constituyen organizaciones y ejércitos criminales con un poder real cada vez más extenso, que garantiza el fluido de las actividades ilícitas dentro de las cuales el narcotráfico, en todas sus dimensiones, es una de las más importantes. A pesar de lo que dicen las autoridades colombianas, para este crimen no hay ‘seguridad democrática’ que valga.

A propósito de mafias, es curioso también la manera cómo ha cambiado la aproximación hacia el público de estos temas. Hasta hace no mucho tiempo, ésta se expresaba básicamente a través de una literatura de relativa calidad y de una amplia cinematografía que dio origen a un nuevo género fílmico de gran éxito de taquilla. Es larga la lista de películas (solamente de Hollywood) que tratan temas de mafias, bandas y hampones. Cada vez que escuchamos la palabra mafia no podemos evitar pensar en todas esas películas y series de televisión, mejores y peores, que habremos visto en las últimas décadas, o recordar tal escena con Marlon Brando o con Al Pacino, los padrinos por excelencia. Y más recientemente la cara de Tony Soprano, por supuesto.

Pero de esta imagen glamorizada del crimen organizado que han ofrecido las pantallas del cine y la televisión se ha ido pasando a una imagen menos perfumada del mafioso, más acorde con la realidad. Con la realidad actual. La del pequeño delincuente anónimo habitante de un tugurio de una ciudad latinoamericana. La de un sicario en Medellín. La del líder de un Comando en una cárcel del Brasil. Y de algún modo, la imagen de alguien que entraría mejor dentro del modelo ‘facebook’. Por otro lado, los temas de criminales han asumido en el cine y la televisión un tono semi documental (incluso una película de ficción como Traffic tiene también algo de documento) o francamente documental, como en Cidade de Deus, o como en los programas que ha emitido la National Geographic sobre las bandas callejeras de las maras, o sobre famosos capos del narcotráfico.

Más aún, actualmente el interés por los temas de mafias y criminales se ha ampliado superando el ámbito de lo puramente literario y cinematográfico. Aunque sin duda antes también se escribía y se teorizaba sobre el bajo mundo, esta producción circulaba sólo entre especialistas. Ahora en cambio este tema está generando una amplia producción de obras ilustrativas del fenómeno, destinadas a un público más amplio. Un buen ejemplo de esto es el libro de Juan Carlos Garzón, y un libro reciente del periodista británico Misha Glenny McMafia. Crime Without Frontiers, cuya lectura, al igual que la del libro de Garzón, resulta apasionante. Menciono de paso que en el libro de Glenny aparece una fotografía de 1985 en la que se ve a Fabio Ochoa y a Santiago Uribe (el hermano de).

En su libro, Glenny le sigue la pista a la manera como se extendió el crimen transnacional después de la caída del régimen soviético, y cómo en esto mucho tuvo que ver la desregulación de los mercados globales a finales de los ochenta y comienzo de los noventa. Glenny va un poco más allá de la mera identificación y descripción del moderno crimen organizado. En su análisis señala la contradicción que hay entre la guerra a las drogas y la guerra al terrorismo, pues es la intolerancia a las drogas la que finalmente alimenta el narcotráfico y en consecuencia a los grupos terroristas que se lucran de las actividades ilícitas relacionadas con drogas. Un argumento que le sirve para justificar la legalización. Glenny destaca además otro asunto de gran actualidad en estos días de crisis financieras. El mundo necesita una mayor regulación de los mercados financieros, y un freno a los excesos del neoliberalismo [estadounidense], particularmente en un mundo globalizado como el de hoy en el que capitalismo y criminalidad coinciden en sus movimientos.

En ambos libros está presente la idea de que el crimen organizado es un fenómeno transnacional que plantea una grave amenaza a la seguridad, y con ello una amenaza a la democracia y a la civilización en su conjunto. Hay, sin embargo, una dimensión del crimen que se suele excluir, por lo general, cuando se tratan estos temas. Se trata de las actividades delictivas empresariales que pueden conducir a que, por ejemplo, de un día para otro miles de empleados de una gran fábrica, de una gran empresa, se queden sin empleo. La criminalidad de este ámbito, sus repercusiones sobre la sociedad son tan reales como la de cualquier cartel del narcotráfico. Pero de esta criminalidad casi no se habla. Como si este tipo de crimen de ‘cuello blanco’ no representara un atentando al orden mundial. Sobre este tema, el TNI publicó en 2005 un informe titulado “La componenda global” que rastrea la historia del concepto de ‘crimen organizado’ y su metamorfosis en un fenómeno transnacional.

Finalmente, hay un detalle desconcertante en el libro de Garzón que no sé si habrá sido notado antes por otros comentaristas. En la página de agradecimientos a las personas e instituciones que apoyaron su trabajo, el autor menciona al embajador de Colombia en México, Luis Camilo Osorio. Pero, ¿no es éste señor Osorio el ex fiscal que ha sido acusado en Colombia por sus vínculos con el narco-paramilitarismo y por líos relacionados con violaciones a los derechos humanos? La penetración del crimen en la sociedad parece haber llegado a tal punto que ahora los implicados se permiten colaborar con las investigaciones que los denuncian.

Amira Armenta

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