¿Vínculos con las FARC?

Después de años de escándalo por los numerosos casos de contactos entre importantes políticos de las regiones con el paramilitarismo, nada podía caer mejor en la Colombia de Álvaro Uribe que la aparición de ciertos nombres -colombianos y extranjeros conocidos por sus afinidades de izquierda- en los computadores del guerrillero Raúl Reyes. Estos nombres serían la prueba de que también la FARC habrían intentado ganar espacios en la vida política y social del país, e internacionalmente.

Aunque no hay punto de comparación entre la magnitud de la llamada parapolítica con la de la llamada farcpolítica –no sólo en términos del número de involucrados sino de los niveles a los que llegó la colaboración de los políticos con los paramilitares- algunos sectores del Gobierno y de la prensa colombianos están explotando al máximo el tema intentando crear una apariencia de empate entre la ‘parapolítica’ y la ‘farcpolítica’.

Pero no hay nada más alejado de la realidad. A mediados de 2008 había 51 miembros del Congreso colombiano sindicados de involucramiento con los paramilitares. De esos, había 30 en la cárcel. Además, 7 gobernadores departamentales, 23 alcaldes, y un número grande de diputados regionales, funcionarios públicos, el jefe del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Casi semanalmente se revelan nuevos casos de nexos comprobados entre altos representantes del Gobierno con el narcoparamilitarismo. Una cosa que llama la atención especialmente de estos casos, es el alto perfil de los funcionarios implicados. Ejemplos recientes son los casos del Fiscal del departamento de Antioquia y hermano -¡nada menos!- del ministro de Interior y de Justicia, y el del embajador en la República Dominicana. Ésa es la parapolítica y sus dimensiones.

Al lado de estos números y nombres, la farcpolítica, si es que tal fenómeno existe, se basa solamente en indicios contra tres congresistas, dos periodistas, un par de asesores de paz y cuatro o cinco extranjeros. Además, mientras los parapolíticos han reconocido sus nexos con el mundo criminal de los narcoparamilitares para beneficio propio, las personas acusada de nexos con las FARC reconocen en efecto esos nexos pero no para beneficio propio sino como mediadores en el conflicto. Esta es una diferencia esencial que no se debería dejar de lado cuando se intenta comparar el comportamiento de unos y otros.

Ahora bien, el hecho de que algunas de estas personas, en su labor de mediación, llegaran a asumir un tono que a algunos les resulta demasiado familiar o amigable en sus diálogos con las FARC,  no es cuestión que deba sorprender a nadie. Durante los diálogos del Caguán, el grado de familiaridad que se percibe en las fotos y conversaciones entre miembros de las FARC con representantes del Gobierno, con reconocidos periodistas colombianos y extranjeros, y con toda clase de personalidades internacionales, es un buen ejemplo de que en un diálogo prolongado (así sea entre enemigos) las relaciones entre las dos partes tienden a relajarse y asumir una forma que se puede confundir con la complicidad. Una apariencia que en muchos casos es necesaria para ganarse la confianza del otro. ¿Qué diferencia habría entre la familiaridad de las imágenes del Caguán y la de ahora, revelada, según se afirma, en el intercambio de emails entre algunos mediadores y jefes de las FARC? Ninguna, si se sabe que también en aquella época las Farc tenían personas secuestradas, estaban involucrados en niveles específicos del narcotráfico, e incluso habían cometido crímenes de resonancia internacional, como el asesinato (en 1999) de los tres indigenistas estadounidenses que visitaban la zona. Ese crimen no fue un obstáculo para que sólo unos meses más tarde, Richard Grasso, en aquel entonces presidente del New York Stock Exchange (Bolsa de Nueva York) se reuniera con las FARC para tratar temas de interés común.

Por eso, pretender hacer una comparación, como si se tratara de cosas similares, entre los nexos de importantes políticos colombianos con el paramilitarismo y los nexos de miembros de algunas ONG con las FARC es algo descabellado, explicable solamente por los intereses políticos que se mueven detrás de la escena. En estos momentos, en Colombia, la ‘farcpolítica’ es una buena manera de opacar las graves acusaciones de la parapolítica, y los líos del presidente con las cortes.

En el nivel internacional, las informaciones sacadas de los computadores de Reyes han producido recientemente un nuevo capítulo. En Chile, un sector de la derecha en la oposición denunció que los indígenas mapuches habrían estado en contacto con las FARC. La intención, según lo denunciaron algunos sectores en Chile, fue desprestigiar a la comunidad Mapuche y de paso obtener alguna ganancia política el partido que hizo la denuncia.

La utilización que le han dado las autoridades colombianas a los datos del computador de Reyes ha sido cuestionada hasta por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. Por medio de filtraciones a la prensa y toda clase de especulaciones el gobierno colombiano ha animado una caza de brujas que ha trascendido las fronteras de Colombia, en la que todos los que puedan, van a aprovechar para sacar partido, como ha sido el caso reciente de la derecha chilena.

Que las FARC hayan estado o busquen estar vinculadas con sectores de la izquierda en Colombia, América Latina y el mundo no es ninguna rareza. Después de todos, ellos se siguen reivindicando como una organización política con programas y aspiraciones que en muchos casos coinciden con los que proponen la mayor parte de las organizaciones sociales de izquierda en el mundo. Si con base en un ideario común, las FARC buscaron una aproximación con sectores sociales y políticos de la izquierda nacional e internacional, esto no convierte automáticamente a dichos sectores en cómplices de las FARC y de sus crímenes de guerra. Esto solamente revelaría que hay algunas identificaciones. Y en cualquier caso, antes de difamar a organizaciones, a comunidades como los mapuche, y a individuos que han dedicado años de su vida a mediar a favor de ponerle fin al conflicto, más inteligente sería aprovechar esas afinidades para intentar llegar a una recalcitrante guerrilla. Aún somos muchos los que seguimos creyendo que -a pesar de los recientes éxitos militares- es solamente con la aproximación y el diálogo que se abren las posibilidades de que alguna vez termine por resolverse este conflicto.

Amira Armenta

Una respuesta

  1. ¡Me resulta bastante claro!

    Saludos,

    Anita

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