Las políticas para el opio en el sudeste asiático

cultivos en hectáreas

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Además de Afganistán y de los Andes, la otra región del mundo relacionada con las drogas ilícitas sometida a una constante observación internacional es el sudeste asiático. Lo que sucede en materia de cultivos de uso ilícito, producción, tráfico y consumo en el llamado Triángulo de Oro (tradicionalmente, Birmania, Laos, Tailandia y Vietnam) es un referente internacional para medir los progresos o fracasos del actual régimen de fiscalización de drogas que se impone en esos países y en el mundo. En la última década los países de esa región han soportado estrategias antinarcóticos particularmente crueles destinadas a eliminar lo más rápidamente posible la producción, tráfico y consumo.

En 1998 los países de la región firmaron una declaración comprometiéndose a estar libres de drogas en 2020. Dos años más tarde adelantaron la fecha a 2015. Los países elaboraron planes nacionales para cumplir con el plazo, se impuso una proscripción del opio, se presionó fuertemente a los campesinos a abandonar los cultivos de adormidera para opio y a la policía a arrestar el mayor número posible de usuarios y traficantes. La región vio imponer entonces sentencias desproporcionadas por ofensas menores multiplicándose rápidamente la población carcelaria. En 2003 fueron asesinados en este marco en Tailandia cerca de tres mil usuarios y pequeños traficantes. Como resultado de la combinación de prohibición y represión extrema, los cultivos de opio se redujeron significativamente.

Descuidando la crisis humanitaria que la proscripción y la excesiva represión han causado en esos países, la Oficina de la Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito ONUDD se refiere a la reducción obtenida en los últimos años considerándola como una ‘historia exitosa’. Un reciente estudio del TNI sobre la situación del opio en el sudeste asiático revela lo que se oculta tras este ‘éxito’. No hay muchas razones para sentirse optimistas sobre el futuro de la región de continuar insistiendo en el plazo. El impacto de la proscripción del opio no ha sido compensado de acuerdo a las necesidades y ahora, comunidades como las del norte de Birmania se encuentran en la miseria debido a que los programas propuesto no han logrado colmar el vacío dejado por los ingresos que generaba el opio.

Mientras tanto, el mercado de los estimulantes tipo anfetamina (ATS) ha aumentado rápidamente, lo que se puede interpretar como una señal del cambio de las características del mercado regional de las drogas. Las primeras indicaciones de una escasez de opio y heroína en el Sudeste asiático sólo han comenzado a aparecer recientemente. Los precios más altos y la menor calidad de la heroína están llevando a cambios (problemáticos) en el comportamiento del consumidor. Aunque el número total de usuarios de opio y heroína puede haber disminuido, ahora es mayor el número de personas que ha comenzado a inyectarse. Muchos otros se han pasado a un cóctel de reemplazos farmacéuticos, en su mayoría opioides y benzodiazepinas, cuyos riesgos para la salud aún se desconocen.

Además de enfrentar la represión local y el escaso apoyo de la ayuda internacional, los cultivadores y usuarios de la región no cuentan con estrategias de respuesta a los rápidos cambios. Los funcionarios antinarcóticos han asumido equivocadamente que una reducción en la producción conduciría a una reducción del consumo y de los problemas relacionados con las drogas. La realidad del Sudeste asiático revela que no tienen razón. De haberse implementado previamente servicios de tratamiento de calidad, más usuarios habrían escogido esa opción. A falta de cuidados de salud adecuados dentro de un ambiente altamente represivo, la mayoría se ha visto forzada a buscar sus propias ‘soluciones’. A pesar de que la mayoría de los países ha adoptado los principios básicos de la reducción del daño, estos servicios llegan sólo a una pequeña proporción de los necesitados. Solamente China ha comenzado a ampliar significativamente el intercambio de jeringuillas y los programas de metadona para prevenir infecciones de transmisión sanguínea.

El estudio recomienda que para evitar que las duras circunstancias de las comunidades rurales sigan empeorando, afectando el mantenimiento de los logros obtenidos hasta ahora, mejor sería no insistir en el cumplimiento del plazo. Las políticas de control de drogas deberían orientarse hacia el desarrollo, planearse a largo plazo y concentrarse en la creación de medios de vida para (ex) cultivadores de opio. No debe tratarse a los usuarios como delincuentes, en vez de eso, habría que aumentar la cantidad y calidad de los tratamientos y servicios de reducción del daño, y hacer una revisión de las leyes de drogas que procure ‘humanizarlas’

Finalmente, pide que la comunidad internacional no abandone el Triángulo de Oro en estos momentos. Hay que ampliar los programas de ayuda a la región que ofrezcan medios de vida alternativos y servicios de reducción del daño. Sin esto, probablemente no se sostendrá la reducción del opio y los cambios rápidos en el mercado de las drogas podrían conducir a situaciones indeseables.

A partir de un artículo de M. Jelsma y T. Kramer en ‘The Nation’ Bangkok, Thailand

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