Desbordamiento del conflicto

Como todo el mundo sabe, el primero de marzo pasado el conflicto colombiano dio un giro muy particular. El bombardeo del ejército colombiano a un campamento de las FARC situado a casi dos kilómetros de la línea de frontera, no sólo fue un acto que violó la soberanía nacional de un país vecino, sino que fue un acto que desplazó de hecho el conflicto colombiano oficialmente por fuera de los límites domésticos.

Por supuesto que antes de esa fecha ya existían indicios – y quizás más que meramente indicios – de la presencia de guerrilleros de las FARC en territorios no sólo de Ecuador sino de Brasil, Panamá, Venezuela y Perú. Es decir, físicamente la guerrilla ha rebasado los límites nacionales aprovechando las circunstancias de abandono y aislamiento en que se encuentran las fronteras. Pero tuvo que presentarse una movida de la magnitud de ese bombardeo y perecer en él Raúl Reyes, uno de los miembros más buscados del Secretariado de las FARC, para que la historia cambiara abiertamente su curso.

A partir de ese momento el viejo conflicto interno colombiano amenaza convertirse en una confrontación regional de amplias dimensiones y de evolución impredecible. Luego de una primera reacción emocional y de un intercambio retórico de alto calibre por parte de los tres presidentes en los días que siguieron al bombardeo, pareció imponerse un ambiente de razón y pragmatismo que terminó en un bien mediatizado apretón de manos y muchas caras de alivio.

No obstante, con el paso de los días y el surgimiento de nuevas revelaciones relacionadas con el bombardeo, los intercambios, entre Ecuador y Colombia en particular, han vuelto a expresar un tono de irritación creciente. Y si bien un cierto grado de tensión podría verse como ‘normal’ dadas las circunstancias y los antecedentes conflictivos de esa frontera, el nuevo escenario fronterizo le atribuye ahora un carácter más delicado a cualquier diferencia entre los dos países. Un poco de prudencia por parte y parte no estaría de más.

En las próximas semanas el gobierno colombiano dará a conocer los resultados del análisis hecho a la información hallada en los computadores de Raúl Reyes. De estos resultados, o mejor, de lo que decida hacer el gobierno colombiano con estos resultados dependerá el curso de los próximos hechos. Esperemos que el gobierno de Uribe dé las mismas muestras de pragmatismo que dejó ver en la cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo el pasado 7 de marzo, y esperemos que en vez de ceder a la tentación de atacarse mutuamente, el gobierno de Colombia y los de los países vecinos se dediquen conjuntamente a buscar una solución, no solamente a los problemas que genera el desbordamiento de la guerrilla, sino también al desbordamiento de los cultivos ilícitos (con las secuelas ecológicas que estos cultivos en plena selva amazónica comportan) así como a las actividades del narcotráfico que sacan partido del abandono de las fronteras. Habría tanto por hacer en beneficio de esas regiones y sus poblaciones, hacerlo de manera coordinada y conjunta aumentaría las posibilidades de éxito.

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